Hoy he visto en la página del facebook “Amigos de La Zarza”, un comentario de Paco Molina en el que nos hace un repaso sobre sus vivencias junto a Pepe. No me he resistido ”robarlo” y colocarlo aquí. Espero que Paco me sepa perdonar.
LA JAIMA DE PÉREZ BARBA
Cómo me acuerdo de aquellas escapadas a Punta Umbría, cuando nuestra adolescencia jugaba con nuestras ilusiones. Cómo teníamos que viajar en el portamaletas del coche de Pedro, (rip) que no podía con la carga de la peña. Con que felicidad y gracia contabas siempre que tenías oportunidad de charlar conmigo, cuando a la salida del camping, pregunté por un centro urbano que nos devolviera a una brújula sin norte, totalmente perdidos y enajenados. Cómo recuerdo aquellos largos paseos por el puerto de Huelva, aquellas magníficas tardes de los sábados y domingos. Aquellas hamburguesas en Plaza de las Monjas y los bocadillos de ensaladillas en Los Gallegos, que de cuantos apuros nos sacaban. Cuantas tardes de cine, y a la salida había que hacer el camino andando por que ya no existían autobuses que nos aliviaran el regreso. Aquellos primeros bailes del San Pablo y las fiestas y reuniones de Navidad, cuando los amigos estaban deseando de que llegáramos los colegiales. Que arte cuando llegastes con el primer recipiente para hacer un ponche, que aún yo recuerdo la cara que pusieron algunos cuando vieron aquel barreño que más bien parecía un cesto para introducir la ropa sucia, que para meter melocotones. Cuantas noches de melocotones en Las Revueltas, y en El Forraje. Cada vez que organizábamos un ponche, éramos más y más, pero por aquellos entonces sin Facebook. Cuantas noches de verano y tertulias en ese bar Manolín, con retirada más cercana al Alba que a la madrugada. Cuantas vivencias en esas veladas que pusimos de moda con un colofón a golpes de baños, sardinas y sandías. Entre todas estas vivencias siempre había un tren que nos traía y nos devolvía de nuevo a la realidad. Cómo disfrutabas con las estampías de Juanito Piscinas…Cuantas veces nos insinuaban los curas que no teníamos vocación. Cuantos viajes a Isla Cristina, para disfrutar de una jornada de playa, y aquellas barcas que había que mover a golpe de pedales. Y esas Pascuas que procurábamos llegar a las primeras horas del alba al campo para la instalación de la jaima, una jaima que nos servía de fiesta y de pea, cuando las primeras veces se nos negaba un montaje entre tanta irracionalidad de tubos y toldos. Por tantas y tantas vivencias, por tantos buenos ratos pasados juntos, y porque te recordaremos siempre. Descansa en Paz, amigo Pepe.
Cómo me acuerdo de aquellas escapadas a Punta Umbría, cuando nuestra adolescencia jugaba con nuestras ilusiones. Cómo teníamos que viajar en el portamaletas del coche de Pedro, (rip) que no podía con la carga de la peña. Con que felicidad y gracia contabas siempre que tenías oportunidad de charlar conmigo, cuando a la salida del camping, pregunté por un centro urbano que nos devolviera a una brújula sin norte, totalmente perdidos y enajenados. Cómo recuerdo aquellos largos paseos por el puerto de Huelva, aquellas magníficas tardes de los sábados y domingos. Aquellas hamburguesas en Plaza de las Monjas y los bocadillos de ensaladillas en Los Gallegos, que de cuantos apuros nos sacaban. Cuantas tardes de cine, y a la salida había que hacer el camino andando por que ya no existían autobuses que nos aliviaran el regreso. Aquellos primeros bailes del San Pablo y las fiestas y reuniones de Navidad, cuando los amigos estaban deseando de que llegáramos los colegiales. Que arte cuando llegastes con el primer recipiente para hacer un ponche, que aún yo recuerdo la cara que pusieron algunos cuando vieron aquel barreño que más bien parecía un cesto para introducir la ropa sucia, que para meter melocotones. Cuantas noches de melocotones en Las Revueltas, y en El Forraje. Cada vez que organizábamos un ponche, éramos más y más, pero por aquellos entonces sin Facebook. Cuantas noches de verano y tertulias en ese bar Manolín, con retirada más cercana al Alba que a la madrugada. Cuantas vivencias en esas veladas que pusimos de moda con un colofón a golpes de baños, sardinas y sandías. Entre todas estas vivencias siempre había un tren que nos traía y nos devolvía de nuevo a la realidad. Cómo disfrutabas con las estampías de Juanito Piscinas…Cuantas veces nos insinuaban los curas que no teníamos vocación. Cuantos viajes a Isla Cristina, para disfrutar de una jornada de playa, y aquellas barcas que había que mover a golpe de pedales. Y esas Pascuas que procurábamos llegar a las primeras horas del alba al campo para la instalación de la jaima, una jaima que nos servía de fiesta y de pea, cuando las primeras veces se nos negaba un montaje entre tanta irracionalidad de tubos y toldos. Por tantas y tantas vivencias, por tantos buenos ratos pasados juntos, y porque te recordaremos siempre. Descansa en Paz, amigo Pepe.


Va por ti primo,siempre estarás en mi corazón y en el de todos los que hemos compartido contigo la gran persona que eres y para nosotros siempre seguirás siendo,te hablo en presente porque para mí siempre seguirás vivo,nunca tuviste un mal gesto, ni una mala contestación para nadie,has pasado por este mundo como una grandísima persona.
DESCANSA EN PAZ PRIMO, TU EL CIELO TE LO TENIAS GANADO.PERO NO ES JUSTO QUE HAYA SIDO TAN PRONTO,QUERIAMOS A VER SEGUIDO DISFRUTANDO DE TU PERSONA,DONDE ESTES,SERAS BIEN RECIBIDO.
SIEMPRE TE RECORDARE
SIEMPRE CAMINAREMOS JUNTOS
Una mañana fria de Febrero nos dejaste, como siempre solias hacer sin despedirte, sabiendo que era más importante tu vuelta que el decir adiós.Esa mañana fria se nos quebró el corazon a unos de pena y a tí para no decir adiós como solias hacer se te partió en dos. Ya no te podré esperar, que siempre me conseguias mosquear, ya no reiremos juntos porque siempre me hacias reir , aún cuando tuve momentos amargos tú sabias arrancarme esa sonrisa que siempre esperabas te brindara con ella. Yá ninguna Velada, ninguna Navidad y ninguna Pascua será lo mismo. Compadre ahora sé todo lo que te he apreciado y querido a la vez, aunque aún estemos viviendo en otro mundo que no comprendemos que te hayas ido sin decir adios y que nunca mas vuelvas a decime ” como te vá compadre”, ya no compraremos más esas mitaillas para la Pascua y ni echaremos la botellita de wisky, ni esas litronas cuando al dique ibamos con los pekes o esos hartones de comer debajo de una sombrilla en Mazagon o en Punta. Por todo lo vivido juntos COMPADRE te doy las gracias, gracias por haber sido un amigo, gracias por haber sido como un hermano, gracias por todo, siempre te llevaré en mi corazon Compadre.POR TODO GRACIAS